Liderar sin el apoyo de los superiores

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liderar sin apoyo

¿Qué debo hacer cuando no cuento con el apoyo de mi jefe?

 

Cuando un jefe directo no nos brinda apoyo, se vuelve difícil la tarea de liderar a un equipo. Esta persona inclusive puede desautorizar ciertas acciones y con ello afectar la eficiencia del grupo y el espíritu de trabajo.

Un jefe que no colabora manifiesta las siguientes conductas: planteo de expectativas poco claras, cambio constante de metas, órdenes contradictorias y negatividad en las políticas. Es un superior que no delega nada pero que está presente en todo. De todas maneras, el líder debe continuar conduciendo a su grupo con eficacia, más allá de la conducta del propio jefe.

Para encontrar cómo liderar a un jefe y no morir en el intento, es necesario poner a prueba el autocontrol, el valor y la sabiduría para evitar una confrontación que no conducirá a un buen destino.

Un verdadero líder debe:

Dar por sentado un resultado favorable. En primer lugar, es importante estar convencido que se puede alcanzar un resultado positivo y conveniente para todos; o sea, para el jefe, el líder y los colaboradores.

Tener una visión clara y concentrarse en las tareas para que el equipo trabaje en función de los objetivos, suavizará la influencia de un jefe que no colabora.

Sentirse apto para la función. Un jefe difícil no debe generar un sentimiento de indefensión o de impotencia en el líder. Este debe ser capaz de superar las prácticas ineficaces, injustas e inclusive, poco éticas de parte del superior. Plantear las preocupaciones a un jefe conflictivo puede provocar algunos riesgos personales. Escapar de la situación cuando se vuelve intolerable tampoco es recomendable.

Lo importante es saber cuándo actuar. Ello significa, saber cuándo es posible modificar una situación y cuándo es mejor retirarse. Muchas veces, trabajar con un jefe que no colabora se vuelve insoportable, aunque se obtiene un nuevo entrenamiento que una futura organización puede llegar a valorar como talento.

Ejercer influencia en el jefe. Resulta más productivo intentar mejorar la relación con un jefe que esperar que milagrosamente un día cambie de actitud o renuncie. Elegir diversas acciones y controlar las reacciones muestran a un líder que sabe el poder que tiene su función. Para resolver los conflictos que se plantean con el jefe, lo mejor es mantener una actitud calma y positiva. La amabilidad muchas veces abre puertas, inclusive aquellas de los jefes más difíciles. A su vez, los colaboradores podrán ver en la actitud del líder, un ejemplo a seguir frente a situaciones similares.

La clave radica en lograr satisfacer las necesidades del jefe de tal manera que él respete las necesidades el líder. Esto significa tener la habilidad de adaptar ambas necesidades sin confrontaciones y proponer alternativas que cumplan con los objetivos del jefe sin perder de vista las posibilidades del líder. Establecer una conversación formal y seria respecto a las necesidades de ambos permitirá llevar a cabo un trabajo en conjunto mejor organizado.

Mejorar el estilo de comunicación. Para lograr tener mayor empatía con un jefe es necesario mantener una comunicación fluida y eficaz con él para cumplir con los objetivos de la organización. Para mejorar la relación, resulta muy útil mantener informado al jefe de todos los asuntos que preocupan en la gestión. Algunas personas prefieren guardar silencio frente a las dificultades, pero resulta más efectivo buscar el momento oportuno para comunicarlas.

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Es difícil lograr tener empatía con un jefe difícil y brindarle apoyo si él mismo es quien nos desautoriza. Para conseguir dominar las propias reacciones emocionales, es importante entender que muchos jefes son personas que tienen sus propios miedos e inseguridades; o sea, tratar de ponerse en el lugar de ellos.

Expresar las propias necesidades. Las diferencias entre un jefe y el líder pueden ser resueltas si se intenta abordar los temas de manera abierta, sincera, evitando los tonos agresivos. Una conversación auténtica donde cada uno pueda plantear lo que espera del otro, es una buena manera de comenzar.

Pedir colaboración en un tono que conduzca a solucionar problemas aumenta la posibilidad de obtener aquello que deseamos. Para ello, es necesario evitar exigencias poco razonables o demandar mucha atención. Incluir frases como “¿Ud. que piensa sobre?” o “¿Qué hacía Ud. frente a situaciones similares?” pueden ayudar a predisponer mejor a un jefe.

La forma de expresar las propias necesidades debe ser profesional, no emocional. El fin es conseguir que las expectativas de ambos sean compartidas y para ello, lo más importante es que el abordaje sea realista, dejando de lado la ambición, para no abrumar al jefe con presiones y exigencias personales.

 

 

Artículo: Liderar sin el apoyo de los superiores

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